El grupo intergeneracional de mujeres de Trescasas actuará en Los Ángeles de San Rafael con un espectáculo que une folclore, memoria y vida comunitaria
Trescasas no es solo un punto en el mapa del alfoz de la capital segoviana. Para una treintena de mujeres, y algunos niños, se ha convertido en un lugar de encuentro, de raíz y de pertenencia. Allí, en la sala multiusos del municipio, ensaya desde hace más de año y medio Masamadre, un grupo intergeneracional que recupera la música tradicional castellano-leonesa a través de la voz, el ritmo y utensilios cotidianos como morteros, cucharas o botellas de anís. El próximo 13 de marzo, Masamadre se subirá al escenario de la Sala Teatro Los Ángeles de San Rafael, en una actuación muy esperada tanto por el grupo como por el público del municipio de El Espinar.
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El origen de Masamadre está íntimamente ligado a Beatriz Rojo Gama, vecina de Trescasas y antigua profesora de música del Instituto María Zambrano de El Espinar, donde ejerció durante una década. Desde su formación clásica y su especialización en música tradicional, Beatriz impulsó un taller abierto a los vecinos y vecinas del pueblo con una idea clara: compartir el folclore desde lo sencillo, lo cotidiano y lo colectivo. “Quería ofrecer algo que yo sabía hacer, pero también algo que conectara con la memoria”, explica. El resultado superó todas las expectativas.
A aquel primer taller acudieron unas quince mujeres. Hoy, Masamadre está formado por unas 35 integrantes, con edades que van desde la infancia hasta la madurez, y cuenta incluso con lista de espera. El grupo interpreta jotas, seguidillas, rondas y tonadas tradicionales, muchas de ellas rescatadas de la memoria familiar de sus propias integrantes. “Si no se transmiten oralmente, esas canciones se pierden”, subraya Beatriz Rojo, que insiste en la importancia de recuperar las coplas que cantaban abuelas y bisabuelas mientras trabajaban o se reunían.
Masamadre no es solo un grupo musical. Es también un espacio de convivencia y de creación de vínculos. Madres, hijas, tías, abuelas y nietas comparten ensayos y actuaciones, generando una experiencia que va mucho más allá del escenario. “Venimos a ensayar y estamos en familia”, explica una de las integrantes. Para muchas, el grupo ha supuesto un reencuentro con la música tras años de abandono; para otras, el primer contacto con ella. En todos los casos, el balance es común: bienestar, disfrute y sensación de pertenencia.
El componente intergeneracional es una de las señas de identidad del proyecto. Aurora, una de las integrantes más jóvenes, aporta el sonido del violín al grupo y convive musicalmente con mujeres que nunca antes habían tocado un instrumento. Paula, otra de las jóvenes, reconoce que subirse al escenario con Masamadre fue su primera experiencia escénica, vivida con nervios y emoción. “Ahora me llevo más con las adultas, con todas”, resume con naturalidad.
Musicalmente, Masamadre apuesta por un diálogo entre tradición y contemporaneidad. Junto a los instrumentos populares y de percusión doméstica conviven el violín, la guitarra, la flauta travesera o el acordeón. Ese equilibrio también se reflejará en el espectáculo del próximo 13 de marzo, que tendrá una duración aproximada de una hora y cuarto y contará además con un importante componente visual. Durante la actuación se proyectarán imágenes antiguas recopiladas por el antropólogo y fotógrafo Aku Estebaranz, creando una experiencia audiovisual que refuerza el vínculo entre música, memoria y territorio.
La actuación en la Sala Teatro Los Ángeles llega tras la invitación de Sergio Artero, uno de los impulsores del nuevo espacio cultural de San Rafael, que descubrió al grupo durante una actuación previa. Para Masamadre, participar en este proyecto supone un orgullo y una forma de seguir tejiendo redes entre municipios. No será, además, su primera actuación en El Espinar: el grupo ya participó en los actos del 8 de marzo del año pasado, arropado por el público local.
Uno de los aspectos que más llama la atención es que, pese a estar abierto a todo el mundo, Masamadre está compuesto mayoritariamente por mujeres. Las propias integrantes reflexionan sobre ello desde diferentes puntos de vista: la mayor disposición de las mujeres a participar en actividades comunitarias, la tradición histórica de los espacios femeninos de trabajo compartido o la conexión del folclore con las raíces y la memoria. “Se juntaban a hacer el pan y, mientras, cantaban”, recuerdan. No obstante, el grupo también cuenta con algunos hombres, como músicos colaboradores, y con varios niños que participan activamente.
Desde una perspectiva social, Masamadre se ha convertido en una auténtica red vecinal. Las integrantes destacan cómo el grupo ha fortalecido las relaciones cotidianas en Trescasas: ahora se saludan por la calle, se conocen mejor y se apoyan mutuamente. “Se crea una sensación de seguridad y de comunidad”, explica Rojo. En municipios en crecimiento, donde a veces predomina la vida de “ciudad dormitorio”, iniciativas como esta ayudan a hacer pueblo.
Para muchas de sus componentes, Masamadre es también una forma de terapia. Un espacio donde descargar preocupaciones, compartir emociones y sentirse parte de algo colectivo. “Salimos de aquí mejor de lo que entramos”, reconocen. La música, coinciden, no solo aporta beneficios culturales, sino también emocionales y de salud.
El próximo 13 de marzo, el público del municipio tendrá la oportunidad de comprobarlo en directo. Las entradas ya están a la venta y desde el grupo animan a no dejarlo para el último momento. Será una ocasión para disfrutar de la música tradicional, conocer la nueva sala teatral y, sobre todo, asistir a un homenaje vivo a las mujeres que, durante generaciones, cantaron para acompañar la vida. Porque Masamadre no solo interpreta canciones del pasado: las trae al presente para seguir construyendo comunidad.












