Inés, Rafa, Óliver y Héctor se clasificaron para el campeonato final tras quedar terceros en el torneo previo celebrado en Segovia
Los cuatro jóvenes de San Rafael que han participado en el campeonato internacional “Pequeños Gigantes” regresan a casa con una experiencia que difícilmente olvidarán. Inés, Héctor, Rafa y Oliver, de entre nueve y diez años, participaron el pasado fin de semana en León en una competición que reunió a algunos de los mejores equipos infantiles del panorama nacional… e incluso internacional.
El conjunto se clasificó para la prueba tras un destacado papel en el torneo previo celebrado en Segovia. Tal como recuerda Inés, portavoz del grupo, en esa competición donde jugaron a los pies del Acueducto “quedamos terceros y nos clasificamos para la siguiente ronda”, lo que les abrió las puertas del campeonato internacional de León.
Un tablero gigante y un reto aún mayor
La particularidad más llamativa del torneo es que las partidas se disputan en un tablero a tamaño real, con piezas de gran formato fabricadas con material reciclado, esfuerzo sostenible e ingenioso — uno de los valores pilares del proyecto.
La competición basa su formato en equipos mixtos de entre 3 y 6 jugadores, aunque en cada partida solo compiten hasta 4 niños, que pueden rotar entre rondas. Las partidas tienen una duración de 20 minutos por encuentro, con tiempos controlados homologados oficialmente, lo que obliga a los equipos a coordinarse bien y pensar rápido.
Para lograr la corona, los participantes pasan primero por una fase de liguilla entre varios equipos, y los mejor clasificados avanzan a cuartos de final, semifinales y final.
Valores de equipo, diversión… y conciencia ambiental
Para los promotores de Pequeños Gigantes, el objetivo no es solo competir: “no buscamos campeones ni expertos, solo que los niños se diviertan, aprendan y vivan una experiencia inolvidable jugando al ajedrez”, a la vez que “descubran valores como la sostenibilidad y el cuidado del medio ambiente”.
La experiencia, de hecho, combina estrategia y compañerismo: al jugar en equipo aprenden a decidir juntos, a apoyarse, a respetar turnos, y además valoran el reciclaje, pues las piezas gigantes están hechas con caucho reciclado que da nueva vida a neumáticos en desuso.
Las voces de nuestros chicos: ilusión, esfuerzo… y ganas de volver
Para Héctor, otro de los integrantes, lo mejor fue “jugar en equipo y que me quedé a dormir con mi mejor amigo”, confesó entre risas. Del ajedrez destaca que “te ayuda a activar el cerebro para tu día a día”.
Rafa, apasionado de la estrategia, tiene claro que disfruta especialmente calculando los movimientos en las partidas y combinando los desplazamientos de piezas como el caballo y el alfil para preparar ataques coordinados. La experiencia, asegura, fue “bastante emocionante” y muy distinta por el uso de las piezas gigantes.
Oliver, por su parte, recuerda el torneo con emoción: “Casi entramos a la final”, comenta con orgullo. Entre los equipos más potentes menciona a los llamados “Dominicas” y a los conjuntos procedentes de Polonia, de los que señala que “daban miedo” en el tablero. Su pieza favorita, lo tiene claro: la reina, por la libertad de movimientos que permite.
Y para Inés, la prueba vivida ha sido “una aventura de verdad”: el hecho de jugar en un tablero gigantesco, con piezas enormes, compartiendo con amigos, “te hace ver el ajedrez como algo grande, serio… y divertido al mismo tiempo.”
Un futuro prometedor para la cantera espinariega
Los cuatro se entrenan habitualmente los jueves, aunque muchos también practican en casa cuando pueden. Entre jugadas, aperturas y tácticas improvisadas, sueñan con seguir creciendo en este deporte minoritario pero cada vez más presente.
Cuando se les pregunta por el futuro, Inés no duda: “Yo creo que la victoria”, dice entre risas, dejando claro que ambición no les falta.
Quién sabe… quizá dentro de unos años, volvamos a ver a estos pequeños gigantes concediendo entrevistas… pero ya no como promesas espinariegas, sino como auténticas estrellas del tablero.











