La iniciativa pretende realizar siembras de bellotas de roble durante los meses de febrero y marzo
✍? Juan Frutos Sánchez Cubo
Lo que hoy es el pueblo de el Espinar fue ya asentamiento hace unos mil años: el valle o depresión del Rio Moros cubierto por un gran robledal. A pesar del dominio del roble, otras especies arbóreas cohabitaban esta llanura: sauces, chopos y fresnos cerca de los cauces, olmos y saucos en los linderos, encinas en las laderas medias y pinos silvestres en las montañas, sin olvidar los densos espinares.
Aunque los primeros pobladores llegados del norte establecieron asentamientos cristianos en lo que luego fue Nuestra Señora de la Losa, Nuestra Señora del Caloco, Nuestra Señora de Prados o Santo Domingo, ocupando, por tanto, las solanas altas y resguardos del gran bosque, pocos siglos después el núcleo poblacional se trasladó al centro del bosque, sobre un altozano. Poco tiempo después esta población se constituiría como Villa.
El progreso de la población depende de los productos que da esta tierra: piedras, agua, frutos, cereales, ganado, sirviéndose del robledal y de los pinares de las montañas: madera, leña, carbón vegetal, taninos, bellotas, setas, caza, pesca… Así, el bosque será la despensa que garantiza la subsistencia del pueblo serrano durante siglos.
Sin embargo, el robledal fue mermando considerablemente por las talas que permitieron el avance de la construcción, vías de comunicación, tierras agrícolas y ganaderas. De este modo, aquel extenso robledal fue fragmentado y en la actualidad se conservan lo que se llaman matas: Mata de Nava del Rey, Dehesa Chica, Prado Raso, Cerca los Guindos, Las Carboneras, El Matizo…
Actualmente, estas Matas han mejorado ostensiblemente, ya, desde hace décadas no hay aprovechamientos relevantes de madera y leña, lo que incrementa la edad de los robles. Del mismo modo, el abandono o disminución del pastoreo en ciertos territorios hace que se repueblen de manera natural con especies arbustivas primero y con lentitud arboles nativos después. En este sentido, no podemos olvidar la importancia que tienen algunos animales en la dispersión de las semillas de árboles y arbustos (zoocoria). Este proceso se puede producir por ingestión (endozoocoria, como aves frugívoras), adhesión a pelaje (epizoocoria, como abrojos), o por creación de almacenes (diszoocoria, como arrendajos y ardillas que almacenan o entierran bellotas). Además, muchas de las veredas, coladas, descansaderos e incluso cañadas dejan de ser pastoreadas lo que permite la posibilidad de que las semillas de los árboles inicien una germinación ventajosa.
Por todo esto, es un buen momento para desarrollar iniciativas encaminadas a favorecer el aumento de la masa arbórea con bellotadas en lugares públicos no pastoreados con el fin de aumentar el éxito de la siembra. En esta propuesta, la mayoría de las actuaciones se llevarán a cabo en colaboración con centros docentes del municipio, pues esta acción es una excelente actividad de educación ambiental pues las diversas actividades paralelas a las bellotadas van encaminadas a sensibilizar a los más jóvenes sobre la importancia de los bosques como ecosistemas y la necesidad de su reforestación.
Esta iniciativa pretende realizar siembras con bellotas de roble (Quercus pyrenaica) cuya procedencia sea de robles centenarios del Robledal de San Rafael. Durante el año 2025 se ha llevado a cabo la recolección. Y en este 2026, en los meses de febrero y marzo, se pretende plantar las semillas en los márgenes de veredas, cañadas, descansaderos que no estén sometidos a pastoreo. Una actividad que deberá contar con la colaboración del Ayuntamiento de El Espinar, del IES María Zambrano y de asociaciones como Hespérides. Asimismo, coordinarán las actuaciones Gabriel González “Gaba)”, Elisa Yagüe, Juan Frutos Sánchez, Rafael Diez.












