✍🏻 Carlos Yáñez García
Cuéntame un cuento
Veinticinco años contando cuentos y recogiendo historias en el festival de narración oral de El Espinar. La conmemoración logró varios hitos: el galardón y reconocimiento hacia su fundador, el escritor y narrador Ignacio Sanz; la presencia mayoritaria de mujeres contadoras que arrancaron vivos aplausos de un público que ha ido creciendo cada año: desde que el festival se celebra al aire libre, en esta edición ha superado las previsiones.
Todo comenzó en La Estación de El Espinar con Cristina Verbena, una narradora zaragozana, rápida y ágil estableció con los asistentes la tensión narrativa necesaria. Su voz afónica esparció palabras con musicalidad mañica, creó multitud de imágenes que conformaron historias captadas por los oídos abiertos y la imaginación atenta de los asistentes. Al tiempo que las palabras continuaban su camino para esparcirse entre el vaivén de los grandes árboles que encuadran el escenario del patio de las Escuelas.
La siguiente jornada en San Rafael fue para Eugenia Manzaneda, vivaz, empática, feminista con su mensaje “1, 2 Ovarios cuentos”. La salmantina observó al público, rompió su coraza castellana, lo activó y lo hipnotizó para incorporarlo a la narración y recoger sus sonrisas cómplices; un público ya entregado en sus redes al escuchar una versión de Caperucita en un lenguaje indescifrable que despertó las mentes y el ingenio de los escuchantes. Al abandonar el patio del centro cultural salían con la sensación de haber asistido al espectáculo de una monstrua de la narración oral escénica.
La tarde de Los Ángeles de San Rafael para los más jóvenes y mayores acompañantes sonó diferente: otras palabras, otro lenguaje, otro idioma. Porque esa tarde, sentados en el césped, escuchamos una sesión de cuentos en inglés con la narradora Mamen Storyteller. Ella, con gestos, dicción british y apoyada en una divertida ilustración, contó con la participación imprescindible de los asistentes.
El jueves era el gran día, el día del homenaje a Ignacio Sanz. Antes, por la tarde, Rafaela Nieves contó y cantó a los pequeños, que siguieron su hilo narrativo con la canción “Cuenta que te cuenta” creada por ella.

Ignacio Sanz durante su actuación
En la sesión nocturna, el público arropó con su presencia a Ignacio Sanz, que envolvió el recinto con la magia de sus relatos tradicionales, la tía Miseria o las peripecias del señor Conejo. Era una noche de verano que vivimos al calor de los cuentos bajo la luz de una luna casi casi llena que se coló entre los tejados del Patio de la Bola de El Espinar.
Tras la contada de Ignacio, Javier Figueredo, alcalde de El Espinar y Esther Barreno, concejala de Cultura, reconocieron la labor del divulgador y narrador oral. En agradecimiento, le entregaron el Premio de Honor 2025 del Festival a toda una trayectoria profesional.
El festival cerró el viernes con el espectáculo de la compañía Elia y Uxía. ¡Faltaron sillas en el Patio de la Bola! El público ocupó hasta los poyetes, o recostaron en las paredes para vibrar y cantar “Orgullo rural”. Un espectáculo musical que nos llevó hasta aquellos bailes infantiles de “El jardín de la alegría quiere mi madre que vaya…” o el “Romance de Rosalinda”, textos nostálgicos para mayores que encandilaron a los de menos edad. Elia y Uxía sedujeron a los asistentes con cánticos, relatos, simpatía, como ya los días previos lo habían logrado Cristina, Eugenia, Mamen, Rafaela o el homenajeado Ignacio. Un final y una coincidencia por parte de los asistentes: “el próximo año, más”.
Para el director del festival, Carlos Yáñez, esta edición alcanza importantes logros “un cartel de calidad y una gran respuesta del público. Más de 500 personas en cuatro sesiones de adultos. En narración oral es una cifra más que respetable”.

Carlos Yáñez, director del festival
Y si hubiera que poner un “pero”, sería la escasa presencia de adolescentes o jóvenes veinteañeros, quizá más pendientes de una pantalla que del hechizo que los contadores logran con la palabra.











