El proyecto en el que participa un espinariego, impulsado por el profesor Sergio Calleja, ha sido reconocido tras demostrar los efectos de la desconexión digital en 75 estudiantes
El proyecto «Generación Z, ¿Adictos al móvil?” desarrollado en el Colegio Maristas de Segovia ha sido galardonado en los Premios de Innovación e Investigación de Castilla y León, consolidando una iniciativa que comenzó como una simple tarea de clase y terminó convirtiéndose en una investigación sobre la adicción digital juvenil.
La experiencia, liderada por el profesor de Filosofía Sergio Calleja, también concejal de Educación y Juventud del Ayuntamiento de Segovia, logró que 75 de los 280 estudiantes de secundaria y bachillerato aceptaran el desafío de prescindir de sus teléfonos móviles durante siete días completos. Todos los dispositivos fueron guardados en una caja fuerte ubicada en las instalaciones del centro educativo.
«El propósito era que queríamos hacer un proyecto, un trabajo de investigación, y hablando con los chicos, dijimos, venga, ¿por qué no investigamos si los jóvenes y adolescentes tienen una adicción al teléfono?», explica Calleja sobre el origen de la iniciativa. El profesor destaca que la OMS «todavía no reconoce la adicción al teléfono como tal, se reconoce la adicción a los juegos, a sustancias, etc., pero no al teléfono».
«Al principio lo vivimos con un poco de miedo y ya anticipas un poco los resultados del experimento. Es verdad que notas que eres un poco adicto», confesó Héctor Bartolomé, uno de los estudiantes participantes y natural de El Espinar. El joven describió la experiencia como «bastante complicada» y reconoció sentir «una necesidad de cogerlo, aunque sea no para encenderlo, pero tenerlo en la mano, para comunicarte, para saber si está pasando algo de tu entorno». Esta necesidad, según explicó, «te deja un poco vacío cuando no lo tienes».
Lo que comenzó como una tarea escolar evolucionó hacia algo más ambicioso. «Según fuimos avanzando con el proyecto, vimos que se ponía más serio, que podía tener incluso una proyección médica», explicó Bartolomé. «Nuestra sorpresa fue que 75 chavales de secundaria y bachillerato quisieron vivir esta experiencia y dejaron el móvil en una urna«, recuerda el profesor Calleja, quien añade que «a partir de ahí empezamos a investigar qué sentimientos tenían, qué aprendizajes habían adquirido, qué es lo que más les había costado».
Las conclusiones del proyecto fueron reveladoras. «Ciertamente, nosotros no tenemos autoridad ni criterio suficiente para afirmar que existe una adicción, pero sí que hemos detectado signos muy alarmantes que son muy comunes en otras adicciones«, explica Calleja. «Aunque no podemos afirmar que en los jóvenes y adolescentes hay una adicción, porque es como muy fuerte, sí que podemos afirmar que hay una relación muy peligrosa con sus teléfonos».
Para el profesor, la conclusión más importante a nivel educativo es que «todos los chicos o el 95% reconocen que, ciertamente, es urgente para ellos cambiar la relación que tienen con su dispositivo. Es precioso leerles, pues, cómo se han sentido más libres, menos juzgados, al mirar más la realidad, al estar más con sus padres».
El proyecto también reveló aspectos positivos inesperados. «Hay muchos jóvenes que no son adictos y tienen un ambiente muy familiar en casa», señaló Bartolomé. Estos estudiantes «aceptaron estar sin el móvil y las conclusiones que sacaron fueron: estoy más con mi familia, paso más tiempo en casa, me he sentado con mis padres o mis hermanos a ver la tele los viernes». Para Héctor Bartolomé, la importancia de abordar esta problemática radica en que «es como una especie de virus que nos está excluyendo del mundo real». En su opinión, «desde que estamos encerrados todo el mundo en una pantalla, vivimos en una sociedad puramente electrónica y no estamos disfrutando del día a día de hablar con la gente cara a cara».
Durante la investigación, los estudiantes pudieron identificar que las aplicaciones más utilizadas eran Instagram «para hablar con gente, con sus amigos» y Spotify «para escuchar música, sobre todo».

Héctor, a la derecha de la imagen, junto con los demás participantes del proyecto en la entrega de premios
El galardón en los Premios de Innovación e Investigación de Castilla y León ha llenado de orgullo tanto a estudiantes como al profesor. «Es una ilusión», confiesa Calleja, quien destaca que «más que por el premio, que siempre ilusiona y a los 3 chicos que han sido los protagonistas, pues les ha ilusionado, por supuesto que sí, pero sobre todo, más que eso es ver cómo en educación se pueden seguir haciendo iniciativas muy interesantes, que apunten a la transformación del ser humano».
«Muy orgulloso, la verdad, tanto de mí como de Sergio y de mis compañeros», expresó Bartolomé, quien destacó que «aunque parezca que no, el experimento tiene muchísimo trabajo detrás: muchas horas de investigación, buscar en archivos de, por ejemplo, de la OMS o de la Cruz Roja, muchas horas leyendo y recopilando información».
Un aspecto curioso que señala el profesor es que este problema no afecta solo a los jóvenes: «Siempre he dicho, bueno, esto se lo propusimos a 260 chicos y chicas. Y, como te digo, nos lo dejaron 75. Yo siempre digo que si a los adultos les hago esta proposición, creo que no consigo a 75 que se atrevan durante una semana a meter su móvil en una urna».
Como reflexión final, el estudiante propuso una solución preventiva: «Esta adicción al teléfono móvil radica de cuando somos más pequeños y se nos da un uso completamente libre o directamente se nos niega el uso al teléfono móvil». Su propuesta es encontrar «ese punto medio en la niñez para así tenerlo un poco más controlado cuando se crece».
El éxito de este proyecto no solo ha demostrado la viabilidad de la desconexión digital temporal, sino que también ha abierto un debate necesario sobre el uso responsable de la tecnología entre los jóvenes, estableciendo un precedente que podría replicarse en otros centros educativos de la región.











