José Luis Muñoz Sebastián y Juan Frutos Sánchez Cubo están llevando a cabo un proyecto común para dar a conocer su hallazgo
Dos vecinos de El Espinar han sacado a la luz un importante hallazgo arqueológico que arroja nuevos datos sobre la historia económica del municipio: las canteras de piedra granítica de la Mata de San Blas, donde durante siglos se extrajeron las piedras para los molinos harineros de la zona.
El descubrimiento se remonta a 2015, cuando José Luis Muñoz, amante del senderismo y la naturaleza, encontró una piedra de forma circular durante una de sus rutas habituales. “Me llamó mucho la atención lo redonda que era, aunque estaba tapada de sedimentos y no se veía apenas”, explica José Luis. El hallazgo podría haber pasado desapercibido de no ser por la intervención del investigador local Juan Frutos: «Si no llegase por Juan, pues seguirían aquí tapadas», reconoce Muñoz.
La clave para descifrar el hallazgo llegó cuando José Luis contactó con Juan Frutos Sánchez Cubo, investigador local especializado en molinos harineros. «En 2015 encontré una piedra, la saqué unas fotografías y lo guardé. Y luego en una charla que daba Juan Frutos sobre el trabajo que estaba haciendo sobre los molinos, pues le puse en alerta», relata José Luis, quien añade: «Le mandé las fotografías una noche y al día siguiente estábamos aquí los dos ya mirando y descubrimos muchas más».

Juan Frutos reconoce que al principio no lo tuvieron claro: “Nos costó un poquito, porque estaba todo el sedimento encima de las extracciones. En un principio dije yo a José Luis, esto podía ser algún lugar, algún altar de tipo betón, donde podían poner algún rito, algunos elementos espirituales, pero bueno, luego ya encontramos una que estaba sin extraer, porque se les había roto, entonces empezamos a indagar y a investigar y todo nos ha dado lugar a que es una cantera de piedras de molino, de muelas, que eran extraídas por los moleros”.
Las investigaciones han revelado la magnitud histórica de esta actividad. En el siglo XVIII, El Espinar contaba con 17 molinos harineros, todos ellos dependientes de estas canteras. Como explica Frutos: “El oficio de la estación de canteras de piedras de molino estaba totalmente relacionado con los molinos harineros que había en el espinar, que había 17 en el siglo XVIII. Si no se tenían muelas para moler, el molinero no molía, no se tenía el pan nuestro de cada día”.
El oficio de molero era tan importante que «había verdaderos contratos bajo notario, donde tenía que garantizar el molero al molinero la piedra, el molinero no se podía quedar sin piedra porque se quedaba sin moler».
El transporte de estas piedras, que pesaban «en torno a una tonelada», se realizaba con métodos tradicionales. “Aquí se hacía como bajaban también los pinos, los gabarreros con bueyes y carros”, explica Frutos. “También hay otro elemento que nos han comentado unos amiguetes vascos que se utilizaban las narrias. Una narria es como una especie de trineo de madera, pegado al suelo, unas maderas ahí apoyaban la piedra y la arrastraban con los bueyes porque había sitios inaccesibles, con muchísimo peralte”.
El hallazgo ha dado lugar a un proyecto de divulgación desarrollado junto al Instituto y el Grado de FP de Aprovechamientos Forestales. «La ruta son cuatro kilómetros y medio, aquí es el cogollo principal porque hay más número de extracciones, pero luego hay unos elementos muy interesantes», señala Frutos. El recorrido incluye «lo que nosotros creemos que en su momento fue un colmenar de piedra, muy bonito, también pudo ser utilizado para tener ahí las cabras o las ovejas, pero todas las condiciones indican que es un colmenar».
Con la colaboración de los estudiantes del Grado Básico de Aprovechamientos Forestales, «hemos hecho una señalización para que la gente no se pierda, con un cartelito explicativo, un cartel de arranque con una muela de piedra de molino». El presupuesto ha sido mínimo: “Si te digo que el presupuesto de señalización ha sido de 900 euros, con su cartelito, sus postes, la mano de obra baratita”, detalla Frutos.
Para acceder a la ruta, según explica Frutos, hay que “coger el camino del instituto hacia arriba y en cuanto encuentren el primer cartel que hay una rueda de molino, ya le siguen y la ruta está perfectamente señalizada”. José Luis Muñoz invita a los visitantes: “Que se animen, que es muy sencillo. La gente sola, tranquila, sin dar gritos ni nada, estamos en un medio natural precioso, van a disfrutar de la ruta y del paisaje”.
Este descubrimiento cobra especial relevancia considerando las lagunas históricas del municipio. “Verdaderamente la reescribe”, afirma Frutos sobre la historia de El Espinar. “Es curioso sin encontrar documentos, porque verdaderamente nosotros hemos hecho muchísimos registros en el Archivo Histórico Provincial, y no hemos sacado ninguna documentación que nos hable de molero ni de piedras de molino. Vamos a encontrar la cantera. Las pruebas nos las han dado, la propia piedra y el elemento in situ”.

La importancia del hallazgo trasciende lo local. Frutos ha encontrado evidencias históricas relevantes: “Hemos encontrado una ilustración del siglo XVI, que es una ilustración donde viene el puerto de Sevilla con un mogollón de piedras moleras listas para embarcar a las Américas”. Además, “tenemos la Asociación Aranzadi del País Vasco, está en contacto con nosotros y han encontrado verdaderos contratos notariales de los puertos de España salían piedras moleras para el resto de la península y para el extranjero”.
Para José Luis Muñoz, el descubrimiento representa “un orgullo porque es una forma de enseñar al pueblo un oficio antiguo perdido ya totalmente y que la gente pueda disfrutar del entorno y de ver todas las piedras que hay aquí grabadas y arrancadas y todo esto”.
Por su parte, Juan Frutos destaca la satisfacción del trabajo de investigación: “Es un orgullo, pero además es que me lo he pasado de maravilla, me lo he pasado con él de maravilla, porque investigar es lo que me gusta. Cuando descubría algo y me llamaba por teléfono `Juan, que he visto otra piedra´, ya estábamos por la tarde liados a descubrirlo”. Para él, “es una cosa que va a quedar para años y años y siglos y siglos, y ponerlo en valor y que la gente lo pueda ver sin ningún tipo de degradación y ningún tipo de contaminación”.
Ambos espinariegos coinciden en la necesidad de apoyo institucional. «Las instituciones tienen que velar por estas cosas, estas cosas culturales. Tenemos más proyectos, pero no te los voy a decir. Hay proyectos muy interesantes, que nada, cuestan muy poquito dinero», adelanta Frutos, quien reconoce que en este caso “el Ayuntamiento se volcó plenamente y financió de manera decisiva el proyecto de señalización”.











