Ignacio Alonso ha completado una épica travesía de 40 días por 18 países europeos a bordo de su BMW GS 1250, desde España hasta el extremo norte de Noruega
«La vida es demasiado corta para tomársela en serio»
Un viaje que ha sido posible gracias al apoyo de su mujer, Inma, y sus hijos Pino y Luna
El vecino de El Espinar Ignacio Alonso ha regresado de una aventura que le ha llevado a recorrer 14.400 kilómetros en moto durante 40 días, atravesando 18 países hasta llegar a Cabo Norte, el punto más septentrional de Europa continental, en Noruega.
Lo que comenzó como un viaje más modesto se convirtió en una épica travesía cuando Alonso, una vez en Estonia, decidió ampliar su ruta original. «Mi idea era ir por Estonia, saltar a Finlandia, cruzar a Suecia y bajar por Noruega, pero ya me calenté», explica el aventurero espinariego. Su recorrido le llevó por Francia, Italia, Eslovenia, Austria, Hungría, Eslovaquia, Polonia, Lituania, Letonia, Estonia, Finlandia, Noruega, Suecia, Dinamarca, Alemania, Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo, con una media de 400 kilómetros diarios.
Alonso, que se dedica profesionalmente al sector de las estaciones de servicio, reconoce haber trabajado durante años «14 o 16 horas diarias, incluso los domingos», para poder disfrutar ahora de una de sus pasiones, los viajes en moto. «Trabajaba todos los días del año, solo descansaba el día de Año Nuevo», recuerda. Su afición comenzó en la infancia con una Montesa Cota 74 de su hermano mayor: «Con 11 o 12 años ya la cogía sin que me pillara, sin casco y con todas esas barbaridades que se hacían entonces».
Durante su travesía, Alonso vivió momentos de tensión, especialmente cuando se adentró por error en territorio ruso cerca de la frontera con Finlandia. «Me encontré con un paso fronterizo muy antiguo, en desuso, como de The Walking Dead«, relata. Al regresar a territorio finlandés, fue interceptado por la policía fronteriza, que le advirtió de la gravedad de su infracción y le impuso una severa reprimenda. «Me dijeron que había cometido un delito muy grave, que me tenían que detener y que conllevaba una sanción económica importante», explica, y que logró salir del apuro alegando que estaba perdido.
Otro episodio memorable ocurrió en la mina de oro de Kittilä, la más importante de Europa, donde se quedó sin combustible y tuvo que recurrir a una gasolina que resultó ser etanol, provocando problemas mecánicos temporales que se solucionaron cuando la moto detectó el carburante. «Son sitios donde puedes estar 3 o 4 horas conduciendo sin cruzarte con un alma», describe sobre las zonas más remotas del norte de Finlandia.
«Viajar solo durante 40 días te hace reflexionar mucho. Dentro del casco lloras, ríes, gritas, cantas», describe Alonso sobre la experiencia de la soledad en carretera. Con un inglés básico y sin dispositivos tecnológicos conectados («no tengo redes sociales, ni Facebook»), se las arregla con gestos y el traductor del móvil para comunicarse. El aventurero destaca tres pilares fundamentales para viajar: «Humildad, respeto y sentido común. El forastero eres tú, tienes que respetar las normas del lugar y usar el sentido común para evitar problemas».
Durante su viaje, Alonso pudo observar diferencias culturales significativas. «En civismo sí están más avanzados. Hasta que no está el muñeco en verde no cruzan, aunque no venga ningún coche. Si las señales marcan 70, se circula a 70, no ves a nadie adelantar», explica. También quedó impresionado por los puestos de venta al borde de la carretera: «Ves estanterías con frutas y verduras, cada una con su precio, y una hucha donde echas el dinero y te vas. No hay nadie vigilando. Eso sería impensable aquí».
Para Alonso, estos viajes son más que una aventura: «Es como un retiro espiritual. Te conoces a ti mismo, minimizas los problemas, subes el listón de lo que consideras realmente importante». El espinariego, que ya ha recorrido también países de África y América, tiene planes para continuar viajando: «El año que viene quiero hacer Irlanda y Escocia. También tengo pendientes Turquía, Bulgaria, Serbia y Rumanía para completar Europa».
«La moto no es peligrosa, es vulnerable», advierte Alonso a quienes se inician en este mundo. «Mi consejo es no envalentonarse. Si crees que vas al 100% de tus capacidades, baja al 60-70% y disfruta. Es mejor perder un minuto en la vida que la vida en un minuto». Con esta filosofía de vida, Ignacio Alonso se ha convertido en un embajador de El Espinar por medio mundo, llevando la bandera de su pueblo a rincones remotos de Europa, África y América, demostrando que «la vida es demasiado corta y bonita para tomársela en serio».











