Hasta ahora, la normativa especifica que solo los alumnos de bachilleratos que no se cursen en el municipio o los de FP básica tienen derecho al transporte
Por lo tanto, se quedan fuera los estudiantes de grados medios o superiores
La preocupación crece entre las familias del municipio afectadas por la problemática de la falta de plazas en los autobuses escolares que cada mañana trasladan a estudiantes de El Espinar hasta diferentes institutos de Segovia. Hasta ahora, la normativa de la Junta de Castilla y León especifica que solo los alumnos de bachilleratos que no se cursen en el municipio o los de FP básica tienen derecho al transporte, por lo que los estudiantes de grados medios o superiores se quedan fuera de la ordenanza. Pese a los refuerzos anunciados en las últimas semanas, 46 alumnos y alumnas siguen sin poder subir a los autocares, lo que está generando importantes problemas de conciliación y un desgaste emocional evidente entre los más jóvenes.
En total, son alrededor de 120 los estudiantes espinariegos de Bachilleratos de Excelencia, Ciencias o Artes, Formación Profesional y grados medios o superiores que utilizan estas rutas. Sin embargo, las plazas son insuficientes y su reparto —realizado mediante sorteos en los centros educativos— ha dejado a decenas de menores sin acceso al llamado “carné rojo”, imprescindible para subir al autobús, y con una sensación de “injusticia y arbitrariedad” entre las familias.
“Esto es una lotería”
Esther, una de las madres de los alumnos afectados, cuyo hijo sí ha obtenido este carné, califica el sistema como “injusto” y “arbitrario”. Un año te puede tocar y otro no. Esto hay que solucionarlo, porque la población sigue creciendo y cada vez habrá más chavales que necesiten ir a Segovia”, asegura en declaraciones a este medio.
“Lo único que han conseguido es que los padres nos dividamos un poco. Creo que ha sido un parche y una forma de decir que, si antes luchaban 120 familias, ahora luchan 46”, explica María otra madre de un alumno afectado, que insiste en que “Lo que van a conseguir con esto es falsificación de carnés, que los niños intenten ir porque hay padres que no pueden llevarlos y es que es entendible”.
Las familias recuerdan que este curso son unos 120 los estudiantes afectados, pero que la cifra podría aumentar el próximo, dado el crecimiento poblacional del municipio estos últimos años, por lo que consideran urgente una planificación estable y no medidas “puntuales”. Tan solo hay un centro de educación secundaria en el municipio de El Espinar y el problema de espacio es cada año más preocupante. Si estos más de 100 alumnos estudiaran en el pueblo, el instituto estaría desbordado.
Trayectos interminables y padres desbordados
Para quienes no cuentan con plaza, el día a día se complica enormemente. Paloma, madre de una alumna que cursa un grado medio y que no ha obtenido el carné, explica que su hija utilizó el servicio durante el primer mes con la matrícula del centro, hasta que el acceso quedó restringido solo a quienes disponían del carné.
“Los primeros días tuve que llevarla yo, con el coste de la gasolina y el de llegar muy justa al trabajo. Ahora va en tren y tiene que esperar media hora a las puertas del instituto hasta que empiezan las clases. Y a la vuelta, esperar a que haya plazas en el autobús que tiene, y si no, tenemos que ir a por ella. No hay otra opción”, declara.
María detalla el encaje de bolillos que hacen para que su hijo pueda asistir a clase: “El primer día no pudo ir. El segundo le llevé yo junto a otros tres chicos que sufren el mismo problema. Hoy ya ha tenido que ir en tren. A la vuelta depende de si hay hueco en el bus ordinario”.
Muchas familias coinciden en que sus hijos deben salir de casa a las 6:30 de la mañana y regresan cerca de las 16:00, y cuando llegan, muchos días tienen que estudiar, sumando más horas que una jornada laboral. Además, denuncian que la incertidumbre de no saber si podrán volver en autobús genera ansiedad y cansancio. Todo ello, en plena época de exámenes.
Desmotivación entre los jóvenes, riesgo de abandono escolar
Las familias temen que esta situación termine afectando al rendimiento académico e incluso a la continuidad en los estudios. El problema está impactando directamente en el ánimo de los alumnos. María cuenta que el hijo de un amigo ya se ha planteado dejar los estudios si esto continúa: “Están cansados. No saben si podrán llegar, si podrán volver. Un amigo de mi hijo ya ha dicho que, si esto sigue así, deja de estudiar”.
Esther recuerda que en el caso de FP la asistencia a las clases es obligatoria, y que las ausencias por falta de transporte obligan a justificar cada retraso o ausencia, lo que añade presión a los menores.
Un problema sin previsión de solución a corto plazo
El malestar también crece por la falta de soluciones claras. Las familias señalan que el Ayuntamiento no tiene competencias y solo puede mediar en esta problemática, que la Delegación Provincial de Educación ha trasladado el caso a instancias superiores alegando que no puede asumir más plazas. La consejería de Movilidad de la Junta ha mantenido contacto con la concesionaria para incorporar un autobús adicional a las 6:45h, pero la empresa adjudicataria del servicio, Avanza, insiste en que no dispone de conductores en ese horario y descarta añadir más autobuses o permitir rutas privadas alternativas.
La situación parece enquistada, sin previsión de que pueda quedar resuelta en el corto plazo. “Para este curso ya nos toca buscarnos la vida”, resume Paloma. “Desde el inicio del curso ya tenían que saber el volumen de alumnos que estaban matriculados en Segovia y poner medios”, apunta, por su parte, María.
Las familias piden una solución real
Las familias afectadas reclaman que se revisen las rutas, que se adapten las plazas al volumen real de estudiantes y que se elimine la incertidumbre e injusticia del sorteo de los carnés entre los alumnos. “Lo que pedimos es que nuestros hijos puedan ir y venir de sus centros con seguridad. No estamos pidiendo un privilegio, sino un servicio básico”, insisten.
Por ahora, continúan organizándose y reclamando alternativas a las administraciones, a la espera de que alguna institución lidere una solución para un problema que, como bien advierten, puede ir a más en los próximos años.











