Un proyecto innovador combina criterios de Passive House con materiales de alta calidad para crear una vivienda en una zona de clima extremo
Aluminios Gisbert: 658 78 93 66
Construcciones Mariusz: 639 57 35 26
En El Espinar, donde los termómetros marcan -15°C en invierno y alcanzan los 37°C en verano, se ha construido una vivienda que desafía las condiciones climáticas extremas con un consumo energético prácticamente nulo. Este proyecto, de Miguel Maricalva y dirección de ejecución del estudio E2 arquitectura e innovación bajo la dirección de Rubén Sastre, representa un ejemplo de cómo la arquitectura sostenible puede adaptarse a los climas más exigentes de España.
Una vivienda contra las condiciones extremas
«En una zona en la que tenemos menos 15 grados en invierno y hasta 37 grados en verano, es indispensable hacer una vivienda con una calidad excepcional y tener muchísimo cuidado con todos los detalles», explica Rubén Sastre, director de ejecución de la vivienda, arquitecto y pasivhaus designer.
La vivienda, aunque no certificada oficialmente bajo el estándar Passive House, aplica todos sus criterios en el diseño de la envolvente, eliminación de puentes térmicos, hermeticidad y calidad de ventanas. El resultado es espectacular: «Hemos conseguido bajar a la mitad los requerimientos del código técnico de edificación», asegura Sastre.
25 centímetros de hormigón celular y cero puentes térmicos
La construcción ha sido un trabajo de equipo entre especialistas. Mariusz Dudek, de Construcciones Mariusz C.B., empresa con 35 años de experiencia en el sector, no duda en valorar el proyecto: «Un 10, directamente», afirma categóricamente cuando se le pregunta por esta obra.
Los muros exteriores están compuestos por 25 centímetros de hormigón celular, un material estructural con excelentes propiedades térmicas, recubiertos con un sistema de aislamiento exterior SATE de 10 centímetros de espesor. Por el interior, una lámina de hermeticidad y un trasdosado especial donde se ha conseguido separar los perfiles para crear una rotura de puente térmico en cada uno de ellos.
«Hay que mimar la ventana»
Las ventanas han sido uno de los elementos más cuidados del proyecto. Jesús Gisbert, gerente de Gisbert Aluminios y Hierros PVC, explica la importancia de la especialización: «Hay que mimar la ventana. Los cortes tienen que ser muy precisos y la manipulación de todos los materiales tiene que ser delicada. Hasta las clases de tornillos tiene un fin muy específico como puede ser la presión, torsión, resistencia… Todo tiene un por qué», detalla Jesús.
La empresa, con 24 años de experiencia, ha instalado marcos con una transmitancia de solo 0,9 y vidrio triple de 0,6, muy por debajo de las exigencias del código técnico que requiere 1,8.
Su hijo Daniel Gisbert, que representa la nueva generación de la empresa familiar, destaca su especialización: «Mi especialidad dentro de la empresa es un poco más los datos técnicos o las últimas innovaciones del mercado, como pueden ser las cerraduras inteligentes y todos los sistemas de montaje de Passive House».
Sobre la versatilidad de su empresa, Daniel explica: «Nunca hacemos dos cosas iguales, nos amoldamos mucho a cada necesidad de la persona», y añade con orgullo: «Desde la ventana típica de toda la vida hasta llegar a la puerta polivalente de más de 3,50m de alto».
Rentabilidad económica
Una de las grandes ventajas de este tipo de construcción es su rentabilidad económica. «Estamos hablando de 100, 200 euros, 50 euros en algunos casos incluso al año» en gastos de calefacción y climatización, explica Sastre. Pero va más allá: «No tienen por qué tener un sobrecoste. Si tú diseñas de cero una vivienda pasiva, puedes hacer que tenga el mismo coste que una vivienda tradicional».
El arquitecto argumenta que el dinero se redistribuye: «Estás metiendo dinero en aislamientos, en ventanas, en hermeticidad y lo estás ahorrando de sistema de calefacción, que son muchísimo menos potentes que en una vivienda tradicional».
Calidad de vida
Más allá del ahorro energético, Sastre insiste en que «el confort que se consigue en este tipo de viviendas es extraordinario y la calidad del aire y la salubridad de la vivienda es excepcional».
La vivienda cuenta con un sistema de aerotermia con suelo radiante, techos de madera vista con gran altura que conectan todas las zonas comunes, y una gran cocina separada mediante mampara de vidrio corredera. En la planta superior se encuentran las habitaciones con puertas enrasadas que quedan totalmente embutidas en los tabiques.

Zona de la cocina de la vivienda
Un sector en auge
El proyecto llega en un momento de gran actividad en el sector de la construcción. Mariusz confirma esta tendencia y advierte de plazos de «por lo menos un año» para nuevos proyectos.
Daniel Gisbert también percibe esta evolución: «Este sector está un poco en auge, porque nunca va a haber una máquina que pueda ir a medir, que fabrique esa ventana, que la vaya a colocar, que la remate». Aunque reconoce la volatilidad del mercado: «Una semana por las nubes, al mes siguiente está por los suelos».
Integración en el entorno
La vivienda se ha integrado perfectamente en el entorno de El Espinar, respetando la estética de los edificios circundantes con materiales como la pizarra. Dispone de un garaje de dos plazas, «muy importante en esta zona ya que se quedan los coches al resguardo», según explica el arquitecto, además de una gran piscina y zonas exteriores que garantizan sombra y habitabilidad exterior.
Este proyecto demuestra que es posible construir viviendas de consumo casi nulo sin renunciar al confort ni incrementar significativamente los costes.












