Voluntarios y antiguos responsables aseguran que el servicio ha perdido coordinación, formación y autonomía en los últimos años
El funcionamiento de la Agrupación de Protección Civil de El Espinar ha generado un profundo malestar entre varios de sus antiguos miembros, que aseguran que la organización “no se parece en nada a lo que era hace unos años”.
Tanto Carmen Ramírez, quien fue jefa de la agrupación entre 2018 y 2022, como dos exvoluntarios que formaron parte de su equipo, y Juan Antonio López Laorga, jefe entre 2023 y 2025, coinciden en señalar que la agrupación “ha perdido su esencia, su estructura y su independencia”.
Ramírez explica que su salida se produjo tras meses de desacuerdos con el Ayuntamiento. “Tuvimos muchas reuniones y en la última ya lo dejé claro: esto ya no era Protección Civil. Nos estaban quitando competencias y nos pedían cosas fuera de la normativa”. Según afirma, durante su etapa al frente del grupo los servicios se planificaban con antelación y bajo las normas establecidas por la Agencia de Protección Civil y la Junta de Castilla y León, algo que, dice, cambió con el nuevo rumbo.
Los exvoluntarios que la acompañan recuerdan que llegaron a vivir situaciones que consideraban de riesgo, “tanto físico como legal”, por la falta de planificación y de formación. “Nos pedían actuar sin medios, sin equipos adecuados y sin saber a veces lo que teníamos que hacer. Antes había coordinación, ahora todo es improvisación”, comenta uno de ellos.
Durante los años de Carmen Ramírez, la agrupación llegó a contar con un pequeño retén de incendios, un remolque propio y una estructura interna definida. “Nos formábamos cada pocos meses en incendios, búsquedas o primeros auxilios. Todo era presencial y con seguimiento. Ahora hay cursos online y voluntarios que ni saben usar una manguera”, apunta.

Carmen Ramírez, a la izquierda de la imagen, en una imagen de archivo. Fuente – Protección Civil El Espinar
Para todos ellos, el deterioro de la agrupación tiene un origen claro: la politización y la pérdida de autonomía. “Nos pedían cosas a la manera del alcalde —Javier Figueredo—. Eso nos ponía en una situación comprometida, porque a veces lo que se ordenaba contradecía la normativa”, asegura Ramírez. Los tres exmiembros coinciden también en que la agrupación se ha “politizado” y que “ya no funciona como un cuerpo apolítico y vecinal, sino como algo controlado desde fuera”.
“De la prevención a la improvisación”
En sus declaraciones, tanto Carmen Ramírez como los exvoluntarios describen el paso “de la prevención a la improvisación”. Aseguran que antes los operativos se organizaban con criterios técnicos, con recorridos previstos y responsabilidades asignadas, mientras que ahora “cada uno trabaja por su cuenta, sin control y sin un liderazgo claro”. Uno de ellos resume la situación actual como “una torre de papel que se mantiene porque tiene ayuda política”.
También recuerdan con orgullo los años más duros de la pandemia, cuando la agrupación organizó repartos de alimentos y medicinas a personas mayores o sin recursos. “Nos dijeron que teníamos mal acostumbrados a los vecinos por ayudar demasiado. Pero gracias a aquello muchas personas mayores o enfermas salieron adelante”, dice Ramírez.
La exjefa insiste en que el problema no fue solo de recursos, sino de rumbo. “Pedíamos profesionalidad y se nos acusaba de querer mandar. Pero lo único que hacíamos era cumplir las normas”, declara.
“Vergüenza ajena” y descoordinación
A esta visión se suma la de Juan Antonio López Laorga, que asumió la jefatura en noviembre de 2023 y la mantuvo hasta febrero de 2025. López, con más de una década de experiencia en agrupaciones de la provincia, asegura que entró “con ilusión y con ganas de aportar”, pero que acabó marchándose “por la falta de apoyo y de compañerismo”.

El exjefe del servicio; Nuria peña, concejala y coordinadora de la Agrupación; y un voluntario. Imagen de archivo
“Me vi solo en muchos servicios. En la búsqueda de un vecino desaparecido en Los Ángeles estuve catorce horas seguidas prácticamente sin relevo. Sentí vergüenza ajena de que vinieran voluntarios de otros municipios y de El Espinar solo estuviera yo”, asegura.
Durante su año y medio como jefe, dice haber realizado “casi mil horas de trabajo voluntario” entre revisión de vehículos, coordinación de servicios y labores administrativas, pero lamenta que “muchas veces parecía un empleado del Ayuntamiento más que un responsable de la agrupación”.
López explica que su salida se precipitó por los conflictos internos y la falta de apoyo por parte de la máxima responsable del servicio. Relata que llegó a sufrir un episodio de agresión por parte de un compañero durante las fiestas de San Rafael, sin que se tomaran medidas. “La coordinadora —Nuria Peña, concejala delegada del área— lo sabía, pero en lugar de expulsarle, le volvió a admitir. Eso fue lo que más me dolió”. También denuncia que uno de los miembros sancionados por mal ambiente “fue reincorporado sin consultar con la jefatura”.
“Se ha perdido la esencia de servir al pueblo”
Tanto los antiguos jefes del servicio, como los exvoluntarios, coinciden en que la Protección Civil de El Espinar “ha perdido su esencia”. Juan Antonio recuerda que “antes había compañerismo, voluntad y respeto por las normas. Ahora todo el mundo quiere ser protagonista, hay más política que servicio”, lamenta.
Los antiguos miembros insisten en que la agrupación funcionó bien mientras existió confianza mutua entre el Ayuntamiento y los voluntarios, algo que se rompió con el cambio de coordinación. “Un buen concejal te deja trabajar, confía en ti y te pregunta cómo van las cosas. Ahora hay control y desconfianza”, resume Ramírez.
Para ellos, la solución pasa por “recuperar la formación, el compañerismo y la independencia”. Aseguran que “Protección Civil no puede ser una herramienta política, ni una foto. Tiene que ser gente formada, preparada y dispuesta a ayudar. Mientras no sea así, seguirá cayéndose poco a poco”.











